No se puede. A veces lo intentas, fracasas, lo intentas de nuevo, y nada, y lo intentas una y mil veces más, porque a cabezona y constante no te gana nadie cuando quieres algo, pero no hay manera, y es que a veces no depende de ti. Cuando algo está en manos de otros, tras haber hecho todo lo posible por tu parte, sólo queda ser junco, y balancearse a merced de la brisa caprichosa, o ser flexible y doblarse (que no doblegarse) cuando el fuerte viento sopla, dejando que el sol evapore las gotas del rocío de la mañana cuando comienza el día, y que las estrellas y la luna permitan al junco soñador seguir entero y vibrante, optimista aún, y confiado en que llegará el día en que lo consigas.