Amar de puntillas no es amar, salvo cuando me pongo de puntillas para alcanzar a besarte. Amar es darse, sin dejar parte de ti escondida para darla en otro momento. Es pisar el césped, descalzo, plantándose del todo y sintiendo el frescor en las plantas de los pies. Es llegar a un río y cruzarlo sin miedo, sin usar un puente, sin piedras de apoyo, vadearlo disfrutando del chapuzón si terminas completamente empapado.
Si te das, aunque no seas correspondido, no te engañarás a ti mismo.